Una preparación cuidadosa antes de la carga, para que cada objeto llegue en buen estado tras un largo trayecto internacional.

Una mudanza entre Suiza y España o Portugal implica un trayecto más largo que una mudanza local, con más manipulación. Un embalaje cuidadoso de antemano limita los riesgos de rotura o daño: cajas adecuadas, protección de los muebles frágiles y calaje dentro del camión.
Este servicio puede combinarse con cualquier otro: mudanza completa, transporte de mercancías o de vehículo.
En una mudanza de barrio, una caja mal cerrada se arregla sobre la marcha. En un trayecto Suiza–España o Suiza–Portugal, la carga aguanta varios días de vibraciones, cambios de temperatura entre un puerto alpino y la costa mediterránea, y varias manipulaciones. Casi todos los daños que se ven en estos viajes tienen dos causas simples: una caja mal rellena cuyo contenido se mueve, y un mueble barnizado transportado sin protección.
Los platos se colocan de canto, nunca apilados en horizontal: de pie, un plato aguanta la presión vertical; tumbado, se parte al primer apoyo. Cada pieza va envuelta por separado, los vasos rellenos de papel arrugado, y todo hueco de la caja se rellena. Una caja de vajilla bien hecha no suena al moverla ligeramente.
Lo que se desmonta, se desmonta: camas, mesas de tablero, armarios modulares, estanterías. La tornillería de cada mueble va en una bolsa cerrada y sujeta al propio mueble, lo que evita búsquedas al montarlo. Las superficies barnizadas se cubren primero con una manta y luego se envuelven: el film aplicado directamente sobre un barniz puede marcarlo con calor.
Los televisores viajan de pie, en su caja original si se conserva, o en una caja adaptada con cantoneras. Espejos y cuadros se protegen en cruz sobre la cara acristalada y se calzan en vertical entre dos elementos estables. Los tableros de mármol o de cristal se transportan siempre de canto. La lavadora exige una precaución propia: hay que bloquear el tambor con los tornillos de transporte originales, o los amortiguadores internos pueden dañarse en un viaje largo.
Cada caja se numera y lleva el nombre de la habitación de destino, no la de origen. Poner «frágil» ayuda, pero sólo una flecha que indique la parte de arriba evita que la caja se ponga del revés. Ese rotulado alimenta directamente la lista de contenido, el documento que acompaña la carga en la aduana y sirve de referencia en la entrega.
El servicio se adapta. Muchos clientes embalan ellos mismos ropa, libros y objetos corrientes —la parte más larga pero menos técnica— y dejan al equipo la vajilla, los muebles y las piezas frágiles. Otros, con poco tiempo o una vivienda que entregar pronto, eligen el embalaje completo. Ambas fórmulas se valoran en el presupuesto, junto con el transporte a España o a Portugal.
El embalaje también se ofrece por separado, para un envío de paquetería que prefiera entregar ya protegido.
Sí, el material de embalaje —cajas, plástico de burbujas, film, mantas, armarios de cartón— va incluido en el servicio. Si prefiere embalar usted, también es posible recibir el material por adelantado y preparar las cajas a su ritmo.
Es la fórmula más habitual. Ropa, libros y objetos del día a día son fáciles de embalar uno mismo; la vajilla, los espejos, los televisores y los muebles barnizados piden más método. Muchos clientes se reparten el trabajo así, lo que reduce el coste sin arriesgar las piezas delicadas.
Los platos, de canto y no apilados en plano; cada pieza envuelta por separado; los vasos rellenos de papel arrugado. Lo decisivo es el relleno: no debe quedar ningún hueco en la caja. Una caja bien hecha no suena al moverla. Para la vajilla clara use papel de seda en lugar de periódico, cuya tinta mancha.
Sí, es la precaución que más se olvida. Los tornillos de transporte originales deben volver a ponerse antes de cargarla: sin ellos el tambor se mueve libremente y los amortiguadores internos pueden dañarse en un viaje de varios días. Si ya no los tiene, avísenos y se adaptará el calzado.
De forma indirecta, sí. El rotulado y la numeración de las cajas alimentan la lista de contenido, que describe lo que lleva cada bulto. Ese documento acompaña la carga en la aduana y sirve de referencia al comprobar la entrega. Un embalaje metódico hace mucho más sencillo redactar el inventario.
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